“El hecho de que ni se hablase de la angustia, a pesar de que la mayoría de los neuróticos se quejan de ella, la señalan como su padecimiento más horrible y, realmente, puede alcanzar en ellos una intensidad enorme y hacerles adoptar las más locas medidas.” (Freud, Sigmund, 1917, conferencia 25)
Por qué plantear la angustia {Angst} como principio del todo, podría parecerles que está aseveración no tiene lugar aquí, y mucho menos después de sostener que el concepto de “represión” es de los pilares del psicoanálisis y desde ahí, promover que el individuo se constituye como sujeto a partir de la instauración de dicho concepto.
Pero me surgen algunas dudas, certezas o quizás propuesta que a continuación expondré en un párrafo donde se narra una escena, de quizás unos pocos segundos, quizás un par de minutos, pero que muestra varios elementos que pueden ser considerados para este análisis.
Una historia de amor
La calle estaba completamente invisible a los ojos de cualquier caminante, el motivo: miles, razones, ninguna, todo era un caos, como si se interrumpiera el paso de hormigas, un vaivén de un lado al otro, solo que sin comida, solo un gesto de cansancio, fastidio, algunos, como yo, con algo de miedo e incertidumbre, de no saber, qué? No importa, solo de no saber, no tener propio algo, no tener acceso a eso que le llamamos conocer, volteo abajo y solo veo 10 centímetros de piso en un segundo aproximadamente, giro mi cabeza alrededor de 40 grados a la derecha y veo una anciana con una tranquilidad aparentemente envidiada por muchos, o al menos por mí, pues solo máquinas pasaban 20, 10, 5 o hasta 1 centímetro alrededor de sus pies calzados por unos trozos de piel (en el mejor de los casos) unidos llamados huaraches; esta anciana qué se ha creído, pues no solo era mi angustia sino la de los demás caminantes con rumbo, pero sin destino, sin tener ese saber -que había nombrado- de que llegarían a su lugar, a su hogar, a su espacio, y ella sin angustia, sin miedo, sin preocupación tomaba sus pulseras y dirigía su mirada hacia arriba al mismo tiempo que levantaba su mano derecha con 7 creaciones de ella, por ella y para quien pueda o quiera comprarlas, durante el tiempo que la observé ningún ente caminante podría detenerse para ver, o en el mejor de los casos comprar alguno de esos productos tan originales como la propia imaginación de la anciana, a lado de ella estaba un montón de cobijas que fácilmente rebasaban los 10 centimetros de altura, un movimiento mínimo en el montón y la anciana voltea su mirada, lo descubre y aparece una cara de niño, con los cachetes rojos, abundante cabello color oscuro y unos cuantos gestos y movimientos de incomodidad, la anciana lo levanta, lo ve y lo deja caer suavemente sobre su hombro derecho, con ese movimiento el montón de cobijas tomaba forma y estructura, ya no parecía montón, ya era la silueta de un bebé en brazos, ya ella lo había mirado y había atendido a lo necesario para que el pequeño bebé tomara forma y tranquilidad, seguí caminante evitando mover mis pasos con rumbo diferente, de pronto, veo un anuncio de la ciudad de México en una de las pequeñas islas dentro de la planta baja de la ciudad.
De dónde proviene la Angustia, cuál es su origen, porque propongo que podría pensarse antes del concepto de Represión, en fin, por qué la considero como condición necesaria para la formación del Yo, qué sentido tiene?
En el texto titulado “una historia de amor” aparece una señora rodeada por varias personas que no se detienen para observar, que realiza un movimiento a partir de otro movimiento, pero de quién es ese movimiento que provoca el acto de tan tranquila señora, al parecer es de un niño, que da movimiento, quizás no consciente de su cuerpo, pero que da cuenta que puede o debe moverse, difícilmente podríamos instalar ese movimiento en las trampas del poder combinado con autonomía o por otro lado como un mandato, una orden, pero aunque pudiéramos situar el poder o el deber en primero o segundo lugar, nos surgiría una duda un poco más complicada de quién ha otorgado ese poder, o de otra forma quién o qué da lugar a ese mandato; pero en este momento seguiremos el camino más lógico, aunque por eso no más leal con las causas originales, pero suponiendo que el niño se mueve porque puede moverse, abríamos de remitirnos a buscar quién dio la posibilidad de que ese envoltorio externo viviera y pudiera moverse, esta respuesta la encontraríamos en su madre, esa señora que observa a todos los que pasan a su alrededor y a la vez a nadie re-conoce, es decir ella tuvo que hacer vivir a ese niño, ya sea desde el vientre suponiendo que fuera su madre- y posteriormente alimentarlo con la finalidad de nutrir-se, en doble sentido: ella como madre, y al niño como su hijo, es decir ella concede esa posición de hijo, pues así ella puede ser madre, pero ante esto, qué la llevó a permitirle vivir, y aún así proporcionar los elementos necesarios para procurar la vida, por una parte puede ser el amor, el deseo, el anhelado lugar podría ser “ser-madre”, poder soportar la angustia que podría provocar la separación, pero de no haber sido así, ella no podría ser madre (al menos biológica), es decir ella tuvo que soportar, o dar soporte a esa angustia manteniendo con mayor fuerza el deseo, de ser madre.
Hasta aquí expuse algunas razones por las cuales el niño tiene ese poder de movimiento porque ese otro (madre) le permitió llegar hasta ese momento, a donde tiene movimiento proveniente de estímulos internos (supongo), y además le hizo dar indicadores de ser reconocidos, traducidos o interpretados.
Pero qué pasaría si el niño tiene movimiento porque debe moverse, es decir, que existe algo que le hace esa demanda, que da esa orden; en primer lugar pondríamos la excitación sensorial, es decir que algunas células hacen conexiones e intercambian sustancias como resultado de la combinación de alimentos y química corporal; pero este planteamiento nos remite a la hipótesis anterior que es: nace alguien porque alguien se lo permitió, y no conseguiríamos nada con seguir pensando estos asuntos. Pero por otro lado, que pasaría si en el momento del nacimiento ocurriera algo que marcara y se instalara en el aparato biológico del recién nacido, algo como lo que Freud cita de una enfermera desacreditada por su comentario y que en el texto dice:
Quizá les interese saber cómo llegué a la idea de que el acto del nacimiento es la fuente y el modelo del afecto de angustia. La especulación fue la que menos parte tuvo; más bien, me inspiré en el pensamiento ingenuo del pueblo. Hace muchos años, un grupo de jóvenes médicos de hospital almorzábamos en una posada; un asistente relató la cómica historia que había sucedido en el último examen de parteras. Se le preguntó a una candidata qué significaba el hecho de que en el parto apareciese meconio (alhorre, excremento) en el agua del nacimiento, y ella respondió sin vacilar: «Que el niño está angustiado». Se rieron de ella y la reprobaron. Pero yo, calladamente, tomé partido por ella y empecé a sospechar que esa pobre mujer del pueblo había puesto certeramente en descubierto un nexo importante. (Freud, Sigmund, 1917, conferencia 25)
Con este fragmento de la conferencia, podríamos concluir y decir que como ya lo dijo Freud hace casi 100 años, que el primer momento de angustia es el momento del nacimiento, y que tiene que ver directamente con el cambio de ambiente, es decir una nueva forma de respirar, de ver, de oler, de tocar y de oír, o por otro lado, y que se sostiene en una interpretación es el hecho de que el niño registra angustia en su cuerpo por la separación de su cuerpo a otro. El niño experimenta angustia hasta –o desde- que tiene un cuerpo diferenciado de la madre, aunque aún no sea representado.
Esta última postura nos acerca a un gran problema, que es: a pesar de las palabras y su inserción en el feto antes del parto, por qué no podría existir la sensación de angustia antes del nacimiento, antes de la separación. Para esta pregunta no tengo la respuesta y mucho menos por donde pretender elaborarla, pero me parece que hasta este momento podría ser muy complicado dar sentido a lo que está antes de la angustia y sus manifestaciones; pues solo podría hacer conjeturas basadas en interpretaciones de interpretaciones y como resultado no acercarnos en nada al principio de semejante Cosa, y que Lacan sostiene: “esta Cosa, no es en absoluto objeto y no podría serlo, debido a que su término surge como correlato de un sujeto hipotético en la medida en que ese sujeto desaparece, se desvanece –fading del sujeto, y no término- bajo la estructura significante” (Lacan, 2006), es decir hablar o pretender dar cuenta de eso, nos lleva a cosas que no tienen un rumbo, una forma, una cualidad que nos lleve al momento de definición y que agrega “Lo que anda es el mundo, y lo real es lo que no anda”.
Hasta este momento no me queda algo más qué hacer con el planteamiento de si existe angustia antes del nacimiento, lo único que me queda es situar eso en el registro que Lacan llama “lo real” y que lo define de la siguiente manera: Lo propio de lo real es que uno no se lo imagine. Si hay noción de lo real, esta es extremadamente compleja, y por esta razón no se la puede captar de una manera que implicaría todo. (Lacan, 2006).
A continuación y partiendo de la limitación propia de no entender qué existe antes de la angustia en Él (niño), pretendo dar una opinión del por qué en el título nombro la angustia antes de cualquier existencia, antes de que algo tenga imagen, es decir antes de la formación del yo.
El yo se deriva del “ello”, del origen, y es organizado y modificado por las influencias exteriores del mundo, incluidos padres, ruido, luces, olores, sabores, cambios en lo corporal, y demás elementos que conforman un espacio, ya sea en el lenguaje, ya sea en lo real. Antes del nacimiento no podría existir un yo –en el sentido estricto- porque ni siquiera tiene incorporación en lo real, es decir no hay un cuerpo, mucho menos en los registros imaginario y simbólico, pero por qué me atrevo a decir esto. Por dos razones, al momento del embarazo el feto puede estar registrado en lo imaginario, pero no del feto, sino de la madre, del padre, de lo social, o mejor dicho en otras palabras lo que tiene registro es el deseo, pero deseo del otro, pues solo quien puede mostrar tal representación es a quien le representa, motivo por el cual el “yo” parte, o mejor dicho y es una parte del “ello”, del medio ambiente, de la mirada, y en segundo lugar Moustapha Safouan menciona que “La noción de energía solo puede aparecer a partir del momento en que hay máquinas”. (2003). Por ello podría apuntar que antes de la angustia no existe (Él) o mejor dicho el “yo” como instancia psíquica, como elemento imaginario. Y que está precedido por la angustia (al menos del nacimiento) del nacimiento donde se lleva a cabo la separación, esta que divide dos cuerpos, que permite, en primer lugar el aparato para que pueda surgir la posibilidad de sujeto.
A propósito de la constitución del “yo”, Moustapha Safouan comenta que: el yo no puede ser en ningún caso más que una función imaginaria, aun cuando determine a cierto nivel la estructuración del sujeto.(2003)
Ahora retomando el texto “una historia de amor” y a manera de conclusión, situar como un elemento básico e indispensable la angustia, que da la posibilidad de nacimiento, como en el texto que menciona movimientos del niño que son registrados, son incorporados y que a la vez lo incorporan y le dan entrada, ofrecen luz verde para el “yo”. A partir de esta diferenciación separación solo queda esperar la mirada, esa que da centro, sitúa, y al final de cuentas registra.
Bibliografía:
• Autiquet, M. (2002). El Psicoanálisis. México: Siglo XXI.
• Braunstein, N. A. (2005). a medio siglo de El malestar en la cultura. Buenos Aires: Siglo XXI.
• Braunstein, N. A. (2005). La re-flexión de los conceptos de Freud en la obra de Lacan. México: Siglo XXI.
• Freud, S. (1917). 25a Conferencia. In S. Freud, Obras Completas (p. 0). Buenos Aires: Amorrortu.
• Lacan, J. (2006). EL TRIUNFO DE LA RELIGIÓN precedido de discurso a los católicos. Buenos Aires: Paidós.
• Safouan, M. (2005). LACANIANA Los seminarios de Jacques Lacan 1953 - 1963. Buenos Aires: Paidós.