Creo que es la séptima ocasión que disfruto la película HER (2013), en cada una de ellas noto un rasgo nuevo, distinto a los anteriores, ahora se agrega con una pregunta en relación al análisis y la distancia.
Algunos sujetos, en particular hombres, aman su distancia y la llevan a cualquier otra situación, hasta pensar que la mujer se entromete en la idílica relación que hacen con su dulce sensación solitaria de “su espacio”. Si algo nos muestra Freud con su formulación edípica, es precisamente lo imposible de la relación de un sujeto con otro sujeto, y que concluye diciendo que la salida de ese drama es la tercera persona, él, y no es precisamente un sujeto hombre, sino cualquier significante que ocupe ese lugar tercero.
Es incómodo el análisis para los hombres, y no precisamente porque se haga una relación con el analista en función, sino precisamente por dar la posibilidad a la presencia del Otro, de la extrañeza del Otro, mejor dicho. Eso de ninguna manera significa que el hombre, principalmente con una estructura obsesiva, no dé lugar al Otro, sino que aunque en cada acto lo crea, lo hace presente, a su vez lo desconoce, asume que su conciencia es su libertad y su voluntad, situación más fantástica no podría ser posible. La función de Theodore (Her 2013) es la escritura del amor, usando las cartas como pretexto, asumir que un rasgo es suficiente para crear su trascendencia, aunque de igual manera y aunque estemos frecuentemente advertidos, también un rasgo es suficiente para su decadencia. En el análisis de un hombre, siempre estorba lo que cree, nunca lo que crea, valga resaltar la ambigüedad que denota la palabra creo. Cuando el hombre cree algo, no crea, cuando crea, deja de creer.
En el filme antes mencionado, aparece un rasgo: la imposibilidad de Theodore de tener sentimientos reales, según le reclama Katherine. Más importante que discutir qué son los sentimientos reales, resulta más conveniente resaltar un elemento, situar que los sentimientos de Theodore no son de las sensaciones, sí de las razones, del pensamiento. Nos lleva a plantear en algo insensato en los sentimientos de los hombres, algo que no tiene un registro en la sensación sino que pasa por una lógica de secuencias argumentativas tan rígidas como frágiles a la vez.
¿Se puede amar a la distancia?, el hombre lo hace todo el tiempo, si volteamos a ver las historias familiares, encontramos un rasgo particular, se ama la distancia y a la distancia. Quizás como un rasgo necesario, es decir elevado al estatuto de necesidad. Si planteamos una topología del amor, encontraremos que el amor está predeterminado por un objeto, Lacan lo llamó “a”, y que la consistencia del mismo está sostenida en su pérdida, en su ausencia, para ello en los imaginarios humanos se constituyó un suplente, el famoso self (si-mismo), entre otros.
Es conveniente recalcar que el amor en la distancia es posible, basta constituir una ausencia y, aunque suene paradójico, podríamos situar como condición de amor, una ausencia. La-falta-en-ser dicen los lacanianos, una teoría existencialista de la insistencia, de la insistencia por la constitución, y que aunque es plenamente legítima, toda constitución es un en esencia hacer bordes (bardas) con las palabras, valga considerar la remarcación que hace Lacan sobre el Amor (Amuro). Las parejas constituyen un partenaire con la distancia, la tecnología no es que lo posibilitara, sólo lo remarcó. Los chats, los SMS, ahora los WhatsApp, etc. Theodore construye un vínculo amoroso con el sustituto de una mujer, un OS (operative system); Esto, bajo ninguna circunstancia plantea (al menos en el momento actual) la sustitución de lo humano, es mejor dicho un producto de lo humano, y la ausencia.
El psicoanálisis es posible en la distancia, sin duda ello podría afirmarse desde los escritos freudianos, es más, la condición del psicoanálisis es una ausencia, se podría afirmar, conceptos como el sujeto supuesto saber, la neutralidad del analista o el mismo concepto de transferencia que tan esencial es para la teoría y la práctica analítica.
He vivido dos tiempos de análisis, el anhelo único diferenciable entre ambos es el nostálgico árbol que me miraba en la ventana, en Juramento.