En una entrevista el “virtual” candidato a gobernador de Nuevo León, Samuel García dice: “pero era bien duro porque, me decía si quieres que te pague la semana te tienes que ir conmigo al golf el sábado y terminando los dieciocho hoyos te pago la semana”. Más importante que las justificaciones, deméritos o aplausos, es importante señalar que esa frase tan común que al menos aparece una vez por semana en la prensa mexicana, enunciando: “……está dividiendo a México”, encubre dos verdades, la primera (y más importante) es que considero que es un intento de velar (en doble sentido) la división constitutiva de la sociedad mexicana, aquí cabe resaltar que le llamo constitutiva porque en la raíz de un democracia (cualquiera) está la división, mejor dicho: la condición de una democracia es la división; pero valdría la pena especificar un poco más y, además avanzar en la extracción de los divinos detalles, por ejemplo, recuerdo que en una clase durante la carrera de Psicología, de esas clases sabrosas que conducía mi querido Maestro Juan Manuel C.A., se hablaba de la teoría del capitalismo marxista (aún sin mencionarlo claramente) y, principalmente qué lugar tenemos en las estructuras sociales, ahí, se recalcaba que necesitamos tortilleros, mecánicos, sirvientes, niñeras, etc., y aparecía una premisa básica del capitalismo actual –ilusoria por cierto- que era confundir al obrero, al empleado, con el pobre, resultando una frase arraigada en la cultura que designa: “necesitamos que haya pobres, para que funcione la sociedad”. La discusión tomó forma y color al plantear una/otra premisa, que fue: “se necesita que haya obreros, empleados, no pobres”. Esta división que planteaba al inicio del texto, precisamente es eso, el político Samuel, si considera que su trabajo era duro y que además requería de someterse a la voluntad de otro para acceder a su pago, podríamos poner como escenario el campo de golf o el techo de una casa al realizar un colado, en términos de este texto da lo mismo. Pero lo que está detrás de ese velo del esfuerzo, es el poder ejercido desde otro, su capricho, su “voluntad” y, lamentablemente en muchas otras ocasiones, su crueldad.
Nadie decide dónde nacer, eso es universal, pero aquí viene lo tramposo, que es: pero podemos “decidir si quedarnos ahí”. Esa trampa es una figuración absurda del capitalismo religioso, en especial el católico, donde se vislumbra un porvenir mejor luego de soportar, tolerar, aceptar y/o padecer lo que viene desde ese lugar Otro, ya sea encarnado en un padre cruel, como el del político Samuel que aunque le veía desvelado, crudo, etc., le obligaba a mirar su placer por jugar. Por supuesto no considero que sea lo mismo padecer la falta de ingresos en alguien que no tiene acceso familiar a los recursos económicos que alguien que tiene acceso (como con Samuel), pero tampoco tengo ninguna autoridad para decir dónde se sufre más. El sufrimiento, Freud lo pone a nivel universal, el malestar en la cultura es un bello texto sobre ello.
Dos mundos, el del rico, sometido a la voluntad (quizás crueldad) de un Padre que en términos de lo formativo no da sino es justificado en términos educativos y formativos, y el del pobre, aquel que intenta salir de la guerra civil africana, o que la hambruna y desnutrición son obstáculos hasta para la queja, recalco que no me parece lo mismo, aunque ni la riqueza ni la pobreza son condiciones de anular ese malestar universal freudiano. Aunque debo reconocer que me parece moralista la descalificación de una queja, sufrimiento o malestar por estar colocado en la esfera de la riqueza económica, pues si volteamos a ver algunos datos, tanto los ricos como los pobres se suicidan, por ejemplo. Ahí podríamos debatir quién se suicida más, pero sería entrar sólo en una lógica de ver quien tiene más por estar en menos y viceversa.
Un título por lo regular intenta decir algo, pero también descartar algo. Dos mundos, pobres y ricos, con malestares legítimos, con posturas legítimas, con ideas legítimas, ahí se sostiene la democracia contemporánea, no en lo legítimo pues siempre puede vacilar, sí en el “al menos dos”. No puede haber ciudadanos en un país con 50 millones de pobres, una frase que fue enunciada en un seminario de clínica psicoanalítica, que por supuesto la considero totalmente cierta, la ciudadanía es un acceso a…., pero aquí me pregunto si en un país con una población X, puede construir ciudadanos con 50 millones de ricos, por ejemplo la sociedad mexicana que representaría alrededor del 40% de la población, es decir: ¿cuál sería el escenario mexicano con el 40% de la población en riqueza?. En el título está el “….,y medio”, ese medio es para mí un significante, es decir que puede deslizarse, puede hacer una operación hacia otro lugar.
Y medio…..qué?, el mundo posible, el actual, el de la democracia, el de monarcas disfrazados de demócratas, de esos que buscan la apertura libre de las relaciones productivas, económicas y sociales, esos llamados “liberales” que, como el periodista y conductor Sergio Sarmiento anhelan que el Estado no tenga injerencia en regular las relaciones entre los habitantes de un país, por supuesto en el caso del periodista con sus declaradas intenciones de libertad de elección sexual, aún con menores de edad. Ese medio, ese donde la intelectualidad juega a las apuestas, como en el caso de los filósofos Byung-Chul Han y Slavoj Žižek, que tiran la moneda del azar argumentativo en relación a la caída o permanencia del capitalismo, tratando de leer el mundo y, en ocasiones, anticiparse. Ese medio es…….incalculable, y es precisamente eso incalculable donde el azar toma posición, por ejemplo este virus inesperado llamado COVID-19, que ni Mhoni Vidente alcanzó a vislumbrar, ni Walter y las estrellas, ni EUA con su poder (y delirio) paranoico, ni nadie. Por otra parte el medio, es un resguardo, son unos puntos suspensivos, son eso que llamamos presente, ese que escapa con cada segundo, que como lo mencioné en un texto sobre el suicidio, no toma postura diferente a una pausa, esa pausa que queda extraviada si tratamos de enunciarla, esa pausa que se hace presente.
Por otra parte, cuando hablamos del medio, también hablamos de los recursos, es decir soportes simbólicos e imaginarios que autorizan algo, aunque no sepamos qué. No es lo mismo ser pobre en México que en España, pues con motivo de la pandemia, el gobierno español destino aproximadamente mil euros como apoyo a quienes no podían y no debían salir a trabajar para reducir los contagios, en México se otorgaron dos mil pesos, es decir, un poco menos del 10% que se otorgó en España. No caigamos en idealizar al gobierno español como un atributo de su grandiosidad, no va por ahí, tampoco idealizar al gobierno mexicano por su tacañería o cualquier atributo que quieran poner, y lo digo así, atributo, pues cualquier acción del gobierno en turno va a ser el vaso con la mitad de agua. Pero insisto, no va por ahí, el medio, propiamente dicho es el soporte. Pondré un ejemplo, ¿alguien de ustedes considera que sólo estudia la universidad quien quiere hacerlo?, mi respuesta es NO. Considero que para que alguien curse la universidad no basta con el deseo, no alcanza, no es suficiente, tiene que existir un medio (soporte) para sostenerlo, el ejemplo más sencillo sería lo económico, aunque no el único ni el más importante. Ese medio del título también es un lugar, frente al saber, frente a la verdad, frente a la vida, frente a la muerte y, básicamente no tiene un destinatario, supongo que su forma es la adherencia, es decir que la adquiere en relación a otra cosa. Por ejemplo, la población media puede ser por edad, ingresos económicos, escolaridad, pero también y quizás más importante, por ser inconsistente, como las nubes, esas figuras sometidas a la mirada y que ahí existen, que aunque no sean miradas también existen, y que aunque se miren también desaparecen, es decir son incapturables en la experiencia, puesto que sólo podrían capturarse en el recuerdo, como la población media. No se puede capturar, y si se intenta lleva al recuerdo (aunque sea aspiracional), por ejemplo: sé que soy población media porque tengo un negocio, pero cuando me pienso con un negocio me recuerdo aspiracionalmente como empresario, más cercano a la sociedad adinerada, aunque sea como ilusión, y no lo digo por tener o no tener mucho dinero, sino porque el dinero es lo más volátil que podemos encontrar en esto que llamamos mundo contemporáneo. Esta imagen, la de la sociedad media es incapturable, decimos que somos población media para no decir que somos pobres. Somos un país pobre, somos un pobre país, somos ese país del norte que su pobreza define su medio.