Hace un tiempo no sabía quién era, tenía un rostro no figurado, ojos enrojecidos y lágrimas resbalando sobre las mejillas, era Yo. Lo complicado es que no sabía, sólo eso, el saber se había esfumado cual dientes de león soplados, intentos de seguir fragmentos, aquel día nunca lo olvidaré, no sé qué día era, tampoco la hora, pero una extraña sensación llega al recordarlo, no había nada especial, no había esas razones neuróticas que nos encanta llamar “motivos”.
Recuerdo que trataba de encontrar la tristeza por el fallecimiento de mi abuela, pero no la encontré. Recuerdo que quería encontrar, no había nada. No había tristeza, ni miedo, ni angustia, sólo llanto, mucho, abundante, creo que era exceso de agua en el cuerpo. Pero había algo, una nada exquisita.