Muy León, se escucha en el famoso video de la combi. Supongamos que nuestra humanidad nos lleva a pasar los actos por un discurso, o al revés, el discurso como antecedente a los actos, si sacamos cualquier identificación a la escena, es decir asumirse en posición de cualquiera de las víctimas que aparecen en el video, encontramos vulnerabilidad, quizás es el signo de nuestra época, la muerte representa un déficit, ya sea en la salud (por ejemplo el COVID-19), el no tener un arma -que bien algunas personas sostienen que el arma se convierte en un signo de completud-, no tener "protecciones" en casas, no tener, no tener, no tener....y quizás también, suerte.
La suerte, ilusión mexicana arraigada hasta los huesos. Una celebre canción dice: "..... Se apuesta la vida y se respeta al que gana", la muerte -y la vida- tienen un correlato de suerte, por algo sostenemos el famoso "por suerte...bien", algo de la suerte está presente en nuestras vidas, y también en nuestras muertes, las circunstancias están marcadas por las dos caras de una moneda, aunque por lo regular no percibimos que una mano lanza la moneda, esa la podríamos llamar Estado, economía, o cualquier elemento a responsabilizar de nuestra mala o buena suerte, y hay bastante razón en ello, recordemos la devaluación del 94. Por algo el pueblo mexicano se sostiene en religiones, principalmente el catolicismo. La suerte es dios para la Mexicanidad.
El dios-suerte para la Mexicanidad, si bien podría ser un estabilizador, también se convierte en un imperativo categórico (superyó freudiano) que, con disfraz moralizante comete los peores crímenes, crueles y absurdos en todos niveles, basta escuchar los argumentos para penalizar el aborto por decisión, que entre ellos su insostenible es sostener la vida, derrumbando otra. Por suerte dios nos ampara, por dios nos ampara la suerte, vemos con ello que el amparo está en las leyes de dios, no de la polis. Aplaudir un acto de agresión, nos somete a una cadena interminable, y que no podríamos salir fácilmente, ser víctima y victimarios en nuestro propio juicio. Revisemos el común de comentarios por el video que provoca este texto y, en su mayoría sostenían una frase: se lo merece, para que aprendan o, ¿no que muy León?.
¿Quién merece lo que tiene, o lo que le pasa?
¿Quién merece que le asalten en el trasporte?
¿Quién merece una golpiza?
¿Quién merece ganar la lotería?
¿Quién merece contagiarse de COVID-19?
¿Quién merece......?
La arrogancia del fiel religioso consiste en su-ponerse un amparo y, desde ahí jugar a juzgar los actos ajenos. Sabemos por Freud que es más fácil golpear entre varios, que más allá de perder el juicio individual, se exalta el imperativo entre varios. No hay un amparo ante la agresión, ésta por si misma no tiene un objeto, es decir que se dirige a donde sea, aplaudir a los "justicieros" de la combi y a la vez "ajusticiar" a las mujeres que pintan monumentos, o aquellas mujeres que reclaman por sus desaparecidos puede ser la misma cara en una moneda. La agresión, la nuestra, es inexorable y capaz de festejar su porvenir contra nosotros, amantes del espectáculo en nuestra propia película.
Por ello, hasta que la suerte no se pare.